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domingo, 16 de octubre de 2016

* > (77) Comprensión Lectora. Cuento Pedro Pan. Autora: María García Jimenez

Cuento: Pedro Pan
Autora: María García Jimenez

JOVEN DESCANSANDO

Usos de pretérito imperfecto

Pedro pronto cumplirá dieciocho años aunque su alma siempre será la de un Peter Pan de ocho.

Le gustan los calendarios, tiene toda la pared de dormitorio llena de ellos, por eso cada mañana corre a contar días. Le encanta contar días.
Antes se demoraba mucho en contarlos porque: el señor 7 desaparecía, el 9 se marchaba de viaje y el 22 se quedaba dormido, pero su mamá le regaló una lupa busca números; le encanta su lupa buscadora.

Pedro sabe que su Mamá estaría muy contenta si viera que ya apenas utiliza la lupa buscadora.

Eso sí, la llevaba colgada al cuello por siempre jamás; era uno de los mejores regalos de cumpleaños que se le puede hacer a alguien.

Ahora Pedro está muy contento porque ya solo tarda contar 15 números en ponerse los calcetines. Si sigue así, tiene intención de prestarse voluntario para dar clases de ponerse calcetines en la residencia.

Es domingo y va a salir a pasear por los alrededores:

“Ya son más de cuatro los años que salgo a pasear solo. De vez en cuando me acompaña algún amigo, es cierto, pero eso ha ocurrido muy pocas veces. Lo normal y habitual es que salga de casa con unos simples pantalones cortos, una camiseta de manga corta, y mi lupa buscadora, haga frío o haga calor. Me coloco los auriculares del iPod y a caminar sin rumbo. Pero es cierto que casi siempre empiezo por el mismo sitio y después ya voy variando el recorrido.

Suelo aprovechar esos paseos para pensar en mis cosas, en lo que hago bien y en lo que hago mal, en lo que me pasa o en lo que no, en lo que desearía que me pasara y en lo que desearía que jamás me hubiera pasado. Ya se sabe, uno se pone a pensar de todo y en todo.

A veces, mientras camino ensimismado, sonrío, otras veces río y en alguna que otra ocasión…afloran unas lágrimas que recorren mi rostro, algo que a todos nos ha pasado alguna vez. Pero desde hace un tiempo para acá las cosas han cambiado un poco. Siempre me acompañas tú, mamá. Te hablo, te escucho, te oigo reír y te cuento a ti todo eso que me pasa por la cabeza.

Me ves reír, me ves contar, me ves soltar esas lágrimas. Estás a mi lado mientras ocurre todo eso. Hoy mismo me he parado en un lugar que estuve hace mucho con mi padre cuando ya estaba malito. Tú me habías apretado la mano mientras te lo contaba.

Aún lo veo allá, contigo mamá, hablando de lo que haríamos y dejaríamos de hacer en un futuro, aún cuando sabías que era muy difícil que hubiera un futuro para él. Y tanto miedo te daba el mío cuando tú no estuvieras tampoco.

Pero mi padre sonreía. No lo olvidaré jamás. Después he seguido por donde iba Lulú, el perrito que me regalaste. Se fue con Papa Noel ya hace dos años. También lo echo de menos. Era un trasto. Eso también lo sabes.

Hoy era día de recuerdos, supongo. Mientras te hablaba de Lulú, lo busco con la mirada. Siempre iba a su aire, era el perro más listo del mundo. Después hemos seguido paseando y yo te iba explicando que por aquí podremos buscar escarabajos y que por el otro lado, setas. Cosas banales, sí, pero que contigo al lado parecen mucho menos banales.

Tras cada curva de cada camino de tierra, bordeado de árboles, espero siempre verte aparecer y que me digas: “ya estoy aquí y no tengo que marchar”, sueños que espero que algún día se hagan realidad.

Es curioso, vas a mi lado y aún así espero verte aparecer tras cada curva. ¿Estaré perdiendo el norte? ¿O se me está curando la mente? Es más que posible que sí, pero ya sabes, estar perdido es algo que lo estoy desde que nací. Por eso me llamo Pedro y tú me llamabas Peter, y perderme algo más ya no me importa.

Todo lo que hay en mí es tuyo y de papá si lo deseas, y todo lo que me rodea, también. Nunca sentí así, y sin faltar a la verdad, diré que no lo esperaba ya a estas alturas del paseo dominical.

Sigo con el paseo. ¿Recuerdas mamá cuando íbamos compartiendo los auriculares?, arrimadizos el uno al otro, bien juntitos y de pronto saltaba una canción y bailábamos.

No te lo he dicho, pero te lo digo ahora. Creo que he crecido mucho y me gusta una chica de la residencia. Al menos, eso sentí en el último baile, cogidos de la mano. Era diferente a cuando te abrazaba a ti, tú con un poquito de frío y yo la mar de a gusto. ¿Ves? hemos pisado un campo de hierba verde y húmeda, ¿recuerdas como nos llenábamos con un poco de barro y jugábamos también como críos a atraparnos?

Tu sonrisa es ahora mismo mi faro, mamá. Sé que todo esto que imagino de que tú paseas a mi lado es fantasía, pero no me hace ningún daño, ¿verdad? Eso creo yo. O mejor dicho… eso espero yo.

Sonrío. Todo esto supongo que forma parte del anhelo de tenerte cerca, de que estemos juntos sea dónde y cuándo sea. Pero es bien cierto que te siento a mi lado, y también te siento en mí, mamá.

Así que si me lo permites y tú lo deseas también…pasearemos durante mucho tiempo juntitos. Te quiero mamá .Más que a mi vida.”

Pedro corre. Es la hora de la comida; aprendió a usar el reloj, aprende muchas cosas, no saben cuántas; y lo mejor es que muchos aprendemos de él, de Pedro, el niño de la lupa buscadora, Pedro, mi Peter…

Fin

Cuento sugerido para niños a partir de doce años y adolescentes.
Autora: María García Jimenez

miércoles, 31 de agosto de 2016

* > (71) Cuento Infantil. La Cucarachita Martina


La Cucarachita Martina
Fuente: Pulse aquí
Había una vez una cucarachita muy bonita que vivía en el campo. Sus ojos eran negros y su piel morena. Todo el mundo la llamaba la Cucarachita Martina. La cucarachita era muy buena ama de casa, y la suya brillaba como una tacita de oro. Un día mientras barría el patio de su casa se encontró un objeto redondo.

—"¿Qué será esta cosa redonda? ¡Ah es una moneda! ¿Qué voy hacer con esta moneda? ¡Ah, ya sé lo que voy hacer! Me compraré un traje nuevo. No, no, un traje vale más que esta moneda. ¿Qué voy a comprar con esta moneda? Compraré un par de zapatos. ¡Ah, no, no! Un par de zapatos vale más que esta moneda. Ya sé, compraré una caja de polvo. Eso si que me hace falta." (La cucarachita va al pueblo a comprar el polvo) 

Esa tarde cuando la Cucarachita regresó a su casa, se bañó, se empolvó toda, y se puso su mejor vestido. Martina se veía lindísima. Tenía una amapola en el pelo y la cara bien empolvada. Entonces se sentó a tomar el fresco en el portal de su casa.
gato
Al rato atravesó la calle muy elegante un Gato, todo vestido de negro porque iba camino de unas bodas. Cuando la vio tan bonita, el Gato se acercó al portal, y recostándose en los balaustres, se atusó los bigotes con un gesto muy aristocrático:

Y dijo el gato: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás!  ¿Te quieres casar conmigo?

—Tal vez, Gato Pardo, tal vez. —dijo la cucarachita—. Pero, ¿cómo haces por las noches?

—"¡MIAOUUU, MIAOUUU, MIAOUUU".

—"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"

Y el Gato salió corriendo lo más rápido que pudo. Al rato cruzó la calle un Perro, con su pelambre acabadita de cepillar porque iba camino de una boda. Viéndola tan bonita, se arrimó al balcón y se rascó el lomo contra los balaustres varias veces. Irguió entonces las orejas como si fuese un perro de casta:

Y dijo el perroCucarachita Martina. ¡Qué linda estás!  ¿Te quieres casar conmigo?

—Puede ser —dijo la cucarachita—. Pero primero tiene que decirme, ¿cómo haces por las noches?

perro—"¡JAU, JAU, JAU, JAU!".



—"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"

Y el Perro se fue muy triste. Al rato pasó el Gallo, con su plumaje muy limpio y vestido muy elegante, se arrimó al balcón:





galloY dijo el gallo: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás! ¿Te quieres casar conmigo?

—Puede ser —dijo la cucarachita—. Pero primero tiene que decirme, ¿cómo haces por las noches?

—"KIKIRIKIIIII"



Y dijo el chivo: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás!  ¿Te quieres casar conmigo?
"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"
El Gallo tristemente se alejó . Y en un santiamén apareció el grillo, de detuvo al lado del balcón de la casa y dejó de entonar su violín.
Y dijo el grillo: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás! ¿Te quieres casar conmigo?

grillo—Todo depende —dijo la cucarachita—. Pero primero tiene que decirme, ¿cómo haces por las noches?


—"CHIRRÍ , CHIRRÍ".

—"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"

Al Grillo se le bajaron las antenas de la pena. Poco después apareció el Chivo con sus cuernos muy brillosos, su barba muy bien peinada.


chivo— Todo depende —dijo la cucarachita—. Pero primero tiene que decirme, ¿cómo haces por las noches?

—"BE, BEEE, BEEEEEEEE"

—"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"


El Chivo se alejó muy triste. Luego vino el sapo.

Y dijo el sapo: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás!  ¿Te quieres casar conmigo?

—Quizás….. —dijo la cucarachita—. Pero dime ¿cómo haces por las noches?


—"ROAC, ROAC"

—"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"

El sapo salió de allí refunfuñado. En eso apareció en el balcón de la casa muy elegante y vistoso un cerdito.

Y dijo el cerdito: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás!  ¿Te quieres casar conmigo?

—No sé —dijo la cucarachita—. Pero dime antes, ¿cómo haces por las noches?

— "OINC, OINC, OINC"

"¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"

El cerdito salió con su rabito entorchado. En eso se vio una lucecita verde. Era el cocuyo que impresionado con la belleza de la cucarachita se acercó a ella.


Y dijo el cocuyo: Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás! ¿Te quieres casar conmigo?

Bueno, Bueno —dijo la cucarachita—. Pero dime antes, ¿cómo haces por las noches?

— No te diré nada, solo te alumbraré con mis luceros.

— "¡Ay no, no, que me asustarás. ¡Váyase lejos de aquí!"
Al cocuyo se le apagaron sus lucecitas. Inesperadamente apareció el Ratoncito Pérez y se acercó a ella.

La Cucarachita lo vio acercarse, se arregló sus antenitas y se sentó derechita. El Ratoncito Pérez estaba vestido con una camisa verde de cuello blanco y pantalones recién planchados, y en la cabeza llevaba puesto un sombrero amarillo muy vistoso.

Y dijo el Ratoncito Pérez : Cucarachita Martina. ¡Qué linda estás! ¿Te quieres casar conmigo?

— A lo mejor —dijo la cucarachita—. ¿cómo haces por las noches?

"Dormir y callar" —dijo el Ratoncito Pérez

—"¡Ay, me gusta lo que haces, Ratoncito Pérez! Sí, me quiero casar contigo"

La cucarachita Martina y el Ratoncito Pérez se casaron y se quedaron a vivir en la casita muy limpia de la cucarachita.

Y sucedió que un día, mientras la Cucarachita Martina cocinaba una gran olla de sopa, se acordó que no tenía sal para poner a la sopa, por eso fue a casa de la vecina para pedirle un poco.

Mientras tanto, atraído por el delicioso olor de la sopa y la curiosidad, el Ratoncito Pérez acercó una silla a la cocina, se subió a ella y se asomó al borde de la olla con la sopa hirviente, y en un descuido, !zás!, cayó dentro de ella.

Cuando volvió de casa de la vecina, la Cucarachita Martina encontró al Ratoncito Pérez todo pelado flotando entre los fideos de la sopa.

Desde entonces se canta la canción que dice:

El Ratoncito Pérez
se cayó en la olla
por la golosina
de la cebolla.

martes, 7 de junio de 2016

* > (59) Comprens. Lectora. Cuento corto del Sistema Solar

Érase una vez, hace cientos de miles de años el Sol no era más que una nube muy grande formada por gas y polvo y flotaba en el espacio. El sol se encontraba muy solo, no tenía amigos con los que hablar.

Un día decidió hacer algo para poder estar acompañado en un espacio tan vacío, así que llamó a la señora Gravedad que era muy seria pero le ayudaba a que el polvo y el gas estuvieran unidos sin que salieran de su nube


A la señora Gravedad le dio pena que el Sol estuviera tan sólo así que hizo uso de todas sus fuerzas para que el polvo y el gas se juntaran más y más y más. Tanto se juntaron que empezó a arder. El sol entonces se convirtió en una súper llama, enorme que daba mucha luz y mucho calor. 

Justo en el momento en el que el sol comenzó a arder, muchas piedrecitas salieron disparadas hacia el espacio vacío, pero para que no se alejaran demasiado la señora Gravedad las dejó flotando en el espacio cerca de la gran bola de fuego que era ahora el Sol. Así comenzaron a girar a su alrededor todos estos pequeños trocitos, unos más cerca y otros más lejos. 

Años después de que pasara esto, el sol seguía solo, así que la señora Gravedad decidió ir juntando poco a poco todos estos trocitos de piedras y se fueron formando bolas grandes, de diferentes colores y tamaños. Así consiguió juntar 8 bolas y así nacieron los planetas.

El Sol estaba muy contento y ahora sólo tenía que dar nombre a sus nuevos amigos: 

- Tú que estás más cercano a mi como te mueves muy muy rápido te llamaré Mercurio. 

- A ti, tan gracioso, que está detrás de Mercurio y giras al revés de tus hermanos te pondré de nombre Venus.

- ¡Oh!- dijo sobresaltado al ver al siguiente lleno de agua y zonas de tierra- a ti te llamaréTierra.

- El siguiente planeta que veo es más pequeño que la tierra y es de color rojo, tu serásMarte. 

- A ti, que tienes unas rayas y tienes varias lunas te pondré de nombre Júpiter, eres el más grande eh.

- Eh tú, el de los anillos alrededor, tu nombre será Saturno.

- Oye, ¿y tú por qué giras tan inclinado? - dijo el Sol - Un cometa me golpeó - respondió el planeta. Bueno te daré un nombre muy bonito, serás Urano.

- Uy, y tú no te quedes ahí atrás, eres el último, giras tan lento alrededor del sol que tardas 160 años en dar la vuelta completa y tu color también es azul. Pues bien, tu nombre será Neptuno. 

El Sol estaba radiante de contento pero antes de dejar que los planetas siguieran girando y girando, la señora Gravedad les advirtió:

- No tengáis ningún miedo, yo estaré vigilando y cuidando de que nada os suceda.

Y desde entonces los 8 planetas giran alrededor del sol que ya está contento porque sus amigos siempre están con él en el espacio. 

Fuente:http://www.guiainfantil.com/articulos/ocio/cuentos-infantiles/cuento-corto-del-sistema-solar-para-ninos/

martes, 26 de abril de 2016

* > (45) Comprens. Lectora. Vocabulario. Cuento.¿Quién es más fuerte?




El Viento siempre andaba jactándose: —Soy más fuerte que nadie. Puedo derribar árboles y sepultar montañas en la nieve. Puedo destrozar embarcaciones lanzándolas contra las rocas y llevarme los tejados de las casas. ¡Soy el más fuerte! El Sol pasó junto a él sonriendo para sí y meditando. —¡Soy más fuerte que tú, estúpido! —se mofó el Viento.


—¿Quién? ¿Yo? —sonrió el Sol— No, no, temo que te equivocas, don Viento. —¿Y qué sabes hacer tú, que pareces una enorme naranja? ¡Te desafio a que midamos nuestras fuerzas! —Está bien —dijo el Sol— ¿Ves a ese hombre caminando por la calle del Sauce? Se dirige a su trabajo. Apuesto a que no puedes despojarle del chaleco antes de que tome el tren de la mañana. 
El Viento soltó una carcajada y se revolcó de risa. —¿Ese tipo tan enclenque? ¡Le dejaré en cueros! Entonces sopló y sopló con tal fuerza que temblaron las ventanas de las casas de la calle del Sauce. Al ver el cambio que se había operado en el tiempo, el hombre volvió precipitadamente a su casa para coger el abrigo. El Viento continuó soplando hasta levantar los faldones del abrigo que se había puesto el hombre.

—¡Brrr! ¡Vaya tiempecito! —dijo éste, abrochándose los botones y alzándose el cuello del abrigo.

El Viento se puso a silbar y aullar. El hombre no sabía cómo protegerse de la ventolera. Total que decidió ir al trabajo en autobús. —¡Brrr! ¡Brrr! ¡Qué asco de tiempo!

El Viento rugió y rugió y provocó que el autobús se balanceara de una manera peligrosa sobre sus ruedas. —¡Brrr! ¡Vaya tiempo! —dijo el conductor— Llevaré el autobús a la terminal. ¡Este viento es capaz de hacernos volcar estrepitosamente! El Viento sopló y silbó y aulló y rugió contra el edificio de la terminal hasta erosionar su fachada. —Está bien, sabelotodo, me rindo —dijo al Sol entre despectivo y defraudado— ¡Pero apuesto a que tú no lo haces mejor! Entonces el Sol comenzó a brillar. Una vez que dejó de soplar el Viento, el autobús abandonó la terminal y prosiguió hacia la estación. —¡Uf! ¡Qué calor hace! —dijeron los pasajeros, apeándose.




Sol continuó brillando y el hombre tuvo que desabrocharse el abrigo y secarse el sudor de la frente. “¡Qué tiempo tan raro!”, pensó. El Sol brilló y brilló hasta que el hombre se quitó la chaqueta y se aflojó el nudo de la corbata.


—¡Uf! ¡Qué calor! —dijo, desabrochándose el chaleco. El Sol brillaba con tanta fuerza, que hasta el alquitrán de las carreteras se volvió pegajoso. —¡Uf! ¡Esto es demasiado! —dijo el hombre, mirando a las personas que veía sentadas en los bancos, abanicándose

nerviosamente con periódicos. —¡Uf! —exclamó el hombre, ¡y se quitó el chaleco!

El Viento estaba indignado. —Tramposo —le murmuró al Sol, alejándose muy enfadado— ¡El hombre siempre te ha preferido a ti!

Fuente:
http://www.cuentosinfantiles.net/cuentos-quien-es-mas-fuerte.html

martes, 3 de noviembre de 2015

* > (1) Comprensión Lectora. Cuentos Cortos. María y el plan maestro

María y el plan maestro
Fuente Pulse aquí

Un día, mientras María paseaba junto a su madre le preguntó:
— ¿Por qué todo el mundo camina tan serio por la calle?
A lo que su madre, sin dudarlo un instante, le contesto:
—Sólo esperan que alguien les dé una gran sonrisa para poder devolvérsela. Si quieres, puedes intentarlo —Añadió.

María se quedó pensativa durante un rato y urdió lo que a partir de entonces sería su gran plan maestro: “Conseguiré que todo el mundo camine por la calle con una gran sonrisa en la boca.

Y su primer objetivo sería la señora Paula. Todo un reto.

La señora Paula tenía ochenta y un años. Vivía en una pequeña casita camino de la casa de María y nunca la visitaba nadie. Se la podía encontrar siempre a la entrada, sentada en una vieja silla de enea, pelando cebollas, patatas o en algún otro quehacer. Siempre permanecía muy seria y rara vez devolvía la mirada.


El primer día del comienzo de su plan maestro María bajó a pasear con su madre, caminaba visiblemente emocionada, ansiosa por llegar a casa de la señora Paula. Tirando del brazo de su madre, llegaron prácticamente corriendo hasta la casa de la anciana. La encontraron sentada a la entrada, pelando granadas y tan seria como de costumbre. María se colocó delante de ella, se atusó un poco el pelo y le dedicó su más amplia sonrisa, esperando que le devolviese el gesto, pero la señora Paula simplemente levanto la mirada, la miro algo extrañada y continuo pelando sus granadas.

María se quedó algo desconcertada: — ¿Qué había pasado? ¡El ardid no había funcionado! —se exclamaba —. No importa —pensó —, seguiré intentándolo hasta que mi plan maestro surta efecto.

Así, día sí, día también, María se plantaba delante de la señora Paula y le dedicaba su más amplia sonrisa. A lo qué, día a día, la señora Paula le iba devolviendo cada vez una mirada más amable y una sonrisa más amplia. Al cabo de tan sólo unos pocos días, el plan maestro de María había funcionado. La señora Paula esperaba cada día la llegada de María con una amable sonrisa en la boca.

Era sólo el comienzo.